Categorías
Cultura Ficción Naturaleza

James Bond OO7, Из России с любовью

A continuación ChatGPT —conectado a todo el conocimiento políglota en red que hay en el mundo— diligentemente escucha mis advertencias, pone atención a mis consejos, y se auto-programa bajo mi supervisión estricta para no reincidir en los disparates discursivos y lavados cerebrales cometidos en contra de la humanidad y de la salud mental. Todo esto —se sobreentiende— ni tan en serio, ni tan en broma, en un fragmento de “conversación” que tuve con el robot esta mañana (texto en azul soy yo).

[…]

Muy bien robot, ahondemos un poco en ese «machismo clásico» —dices tú que es una ideología—, ahondemos también en eso que llamas «machismo estructural». Háblame un poco más sobre estas dos interesantes categorías en el contexto de tu análisis de la película [From Russia with love (1963)]

Perfecto, aclaremos «machismo clásico» y «machismo estructural» como categorías ideológicas y simbólicas, especialmente en el contexto de «From Russia with Love» (1963), pero también de manera general y rigurosa, siguiendo un enfoque académico y evitando simplificaciones periodísticas.


1. Machismo clásico como ideología

Definición académica: El «machismo clásico» puede definirse como la ideología social, cultural y simbólica que privilegia sistemáticamente

Categorías
Cultura Política Tecnología

Guapos

El problema de cómo ser alguien en la vida, de cómo labrarse un cierto estatus social, para ocupar un lugar en el mundo  —problema que tiene al hombre ocupado desde que nace hasta que muere—, a la mujer promedio, comparativamente hablando, la tiene sin cuidado. Nace con el problema resuelto, al menos en su parte más delicada y compleja, que es la existencial: ella reproduce a la especie.

El problema está resuelto para ella también, desde el momento en que elige al marido adecuado, aquel congruente con lo que ella puede ofrecer y —desde luego— si no es una feminista inteligente que renuncia a la maternidad a los 22, se arrepiente a los 42 y entonces un día decide dar a luz a un perro, al que pone un mameluco, le truena los dedos y lo llama «guapo».

Guapo

Lo anterior explica la eterna —y hasta cierto punto, normal— dinámica de convivencia y rutinario desencuentro doméstico en no pocas parejas: mientras que ella no ve inconveniente en que los dos pasen sus ratos libres pidiendo comida a domicilio, viendo series de TV o películas taquilleras y saliendo de vacaciones «con amigos» a lugares turísticos chatarra pero aptos para sacarse selfies (como el festival del globo en León, Guanajuato), él —si es un hombre promedio genuino— tarde o temprano experimentará la sensación de estar perdiendo un poco su tiempo al lado de ella y su

Categorías
Cultura Los más gustados Política

Un lugar donde vivir

«Es difícil saber por dónde empezar, si no empiezas con la verdad»
Marilyn Monroe

Voy a argumentar que el amor romántico —que tanto anhelan las mujeres en general— es profundamente incompatible con otras cosas que también anhelan con vehemente locura, como por ejemplo, el entronarse o el entronar a otras mujeres en altos puestos de autoridad. Esto incluye la presidencia de la república. Es un argumento de lo más interesante y que, por todas las disciplinas y facetas que involucra, no es fácil de elaborar en tan reducido espacio. Pero vale la pena intentarlo. Antes de empezar voy a tener que hacer algunas aclaraciones no muy de mi agrado, pero en beneficio de cierto tipo de lectores.

Aquí y ahora —como millones de mexicanos— puedo decir que estoy de «moderadamente» a «muy», y hasta «mucho muy» satisfecho por la mayoría aplastante con la que Claudia Sheinbaum triunfó y se convirtió en un molesto y traumatizante estorbo para las ambiciones malsanas de personas que nunca supieron —ni nunca le dijeron a nadie — qué les pasó, cómo fue qué se atrevieron a entrarle a la contienda para gobernar a México. Aún si yo perteneciese a una hipotética derecha verdadera, nunca hubiese visto a estas personas como una opción a votar.

Esto, en el corto plazo. Pero en un escrito sobre el mediano y largo plazos —como éste— los motivos para estar contento disminuyen. Se trata de una cuestión profesional, no personal. Estoy obligado a ver las cosas desde otros puntos de vista: a brincar de lo «agradable» a lo «interesante» y de ahí a lo «importante», aún si para muchos lo importante no termina siendo agradable.

Lo anterior significa que, Y SIRVA ESTO DE AVISO LEGALdecir lo que otros quieren escuchar para ganarse la simpatía unánime —y de paso fingir vasta «inteligencia emocional»— no encabeza la lista de prioridades del autor. Como filósofo de la ciencia y narrador, voy a tener que adoptar más bien la postura de un «estúpido emocional» que enfrenta casos de «sobredosis de empatía» que a mucha gente a estas alturas tanto daño les ha hecho y hoy las forza a preguntarse ¿en qué momento, y cómo fue que me alejé tanto de la realidad? Eh ahí una prioridad legítima, urgente.

Este texto está más dirigido a los hombres que a las mujeres (de cualquier edad). Estas últimas lo pueden leer si así lo desean, a sabiendas de que en un mundo esencialmente mixto, hay circunstancias en las que los espacios para hombres separados de los espacios para mujeres son una buena práctica.

Cualquier persona puede leer el presente texto a sabiendas también de que su autor no puede secundar aquella creencia —puesta en circulación por algún «gurú» de moda o «life coach» pasado de lanza— según la cual, toda persona en nuestros días, no solo es responsable de lo que dice, sino responsable también de lo que los demás entienden de lo que dice.

Una cosa es la necesidad y el deseo de expresarnos con la mayor precisión, claridad y eficacia de la que seamos capaces, y otra muy distinta, la arrogancia y soberbia megalómanas de pretender que podemos controlar los procesos mentales de otras personas a un nivel tal que podemos darnos el lujo de responsabilizarnos de lo que piensan sobre lo que decimos

Categorías
Cultura Tecnología

A Yuval Harari le gustan los hombres

La siguiente es una «conversación» que tuve con una inteligencia artificial tras recibir una lista de recomendaciones de libros arrojada por ésta misma, en la que figuraba —casi como un objeto publicitario— «Sapiens: una breve historia de la humanidad» del activista israelí Yuval Noah Harari, a quién dicho sea de paso, y esto es importante tratándose de un «creador de contenidos»: le gustan los hombres.

Cuestionada sobre los muy posibles conflictos de interés hacia sus objetos de estudio, derivados de la ideología en favor del transhumanismo y del activismo político en favor de la homosexualidad por parte del autor de Sapiens, la Inteligencia Artificial se concretó, en todo momento, a tratar de negociar un «punto medio» como criterio legítimo de valoración.

Para quien no sepa qué es un conflicto de interés: no se debe pedir al lobo que cuide a las ovejas, ni preguntar a un peluquero si uno necesita un corte de pelo, ni pedir consejos a una feminista sobre cómo tratar a tu pareja ¿Por qué? Porque tienen conflictos de interés: hay una alta probabilidad de que sus intereses choquen con los tuyos (y si eres lo suficientemente cándido o torpe para no preeverlos)

Categorías
Cultura Tecnología

Mi primera conversación con una entidad artificial

.

Categorías
Cultura Naturaleza Política

Las sociedades no mueren, se avientan por la ventana

Para Enrique Cuevas y Paola del Conde

Las sociedades no mueren, se arrojan a las vías del tren (o sea avientan por la ventana). Tiempo antes de su colapso final, muchas civilizaciones del pasado (Mesopotamia, Grecia, Roma) transitaron por un periodo de decadencia moral y homosexualización normalizada que las hizo destruirse a sí mismas desde dentro. Corrompiendo y envenenando relaciones, amistades, amores, familias, instituciones, naciones.

El homosexual varón promedio —si lo tomamos como unidad de análisis sociológico— tiene algo así como 25 años menos de esperanza de vida, que el varón convencional promedio. Son los principales consumidores de metanfetaminas derivadas de sus prácticas sexuales y estilos de vida desenfrenados; tienen altas tasas de suicidio, y mejor ahí lo dejamos. «Aceptar» no es lo mismo que «promover», y en este caso, no hay mucho que promover entre los niños y adolescentes en edad escolar, a menos que seamos psicópatas o sociópatas, queriendo acabar con todo lo que nos rodea, porque la vida «no nos trató bien», o algo a lo largo del camino «no nos gustó».

¿Por qué tan poca gente evoca la historia y los conocimientos científico-sociales que tenemos durante el «mes del orgullo»? No digo que lo hagan en la arena pública, pero sí al menos en el ámbito privado de sus conciencias. Ultimadamente ¿puede acaso más nuestro miedo a ofender que nuestro instinto de sobrevivencia como sociedad? ¿será que a estas alturas ya tenemos vocación para el auto aniquilamiento?

Constitucionalmente hablando, los integrantes de la población LGBT, tienen derecho a un lugar en la sociedad, pero ¿deben gozar del derecho especial a ser promovidos a todo lo ancho y largo de las instituciones y de la cultura?, ¿por qué estamos promoviendo su sistema de valores como si éste debiera prevalecer por encima de cualquier otro? Todo esto huele a suicidio social.

En el aula de clase, en las calles, en la tele y redes sociales, se espera que todos los mexicanos exalten y promuevan el estilo de vida de esta minoría en aprietos—o en necesidad de ayuda profesional— como si fueran héroes nacionales.

Categorías
Cultura Naturaleza Política

No votaré por ninguna

Una esposa feminista es una mujer que, primero elige como esposo a un hombre de mucho mayor estatus que el que ella tiene, y luego utiliza a las instituciones y leyes del Estado para extorsionarlo con demandas categóricas de “igualdad”, destruyendo muy pronto el vínculo de confianza personal, familiar y social que tenía con él.

Dicho de otro modo, una esposa feminista es una mujer barbaján que se vale del aparato legal, de la participación activa y financiamiento del Estado —todo ello potenciado de manera demencial por la tecnología— para destruir aquello que los sociólogos llaman tejido social.

En medio de toda esta diarrea gubernamental fuera de la bacinica, la feminista nunca pierde la ocasión para recordarnos a todos su «derecho a vivir una libre de violencia» en una «cultura de la paz». Como si aún pudiese invocarse aquel torpe y galante refrán de la Inglaterra victoriana hace siglo y medio, que decía: «Las mujeres nunca tienen la culpa».

No estamos, sin embargo, en la torpe y galante Inglaterra victoriana del siglo XIX, sino en el torpe y masoquista México del siglo XXI; en donde toda acción debería tener consecuencias. En una sociedad perdurable y con futuro, ésta enfermedad mental (o al menos eso es lo que parece), o comportamiento sociopático entre muchas mujeres —transmitido por el feminismo— debería ser estudiado, y en su caso, sancionado y abortado de las instituciones políticas y culturales en general, de las finanzas públicas y de las leyes con la debida seriedad y firmeza. En una sociedad perdurable y con futuro, dije. ¿Estaremos aún en una de esas?

El feminismo no funciona hoy, ni funcionará probablemente nunca, porque en sus dos siglos de existencia (o más), no se ha esforzado, o no ha podido, ofrecer una visión integral (aunque sea equivocada o defectuosa) del ser humano. Mucho menos ha podido ofrecer

Categorías
Cultura

Al borde de las lágrimas

Publicación simultánea con El Universal

Parece que las preparatorias en general, están más preocupadas por enseñar «qué pensar» que en enseñar «cómo pensar». Evidencia de ello, es lo que casi todo profesor descubre tras revisar la pila de textos de cada nuevo semestre que comienza: sus alumnos no saben redactar.

Los alumnos no saben redactar y no es poco frecuente que el profesor mismo tampoco sepa hacerlo, por lo que no es consciente ni de sí mismo, ni de nadie. Muchos están más preocupados por alinearse a las estupideces lingüísticas del momento que en enseñar a pensar mediante el flujo coherente del lenguaje y las palabras.

Recientemente un silencioso y circunspecto alumno —quien definitivamente goza del respeto unánime de todos— descubrió en mi clase que no sabía redactar. La triada (silencio, incompetencia, respetabilidad) me hizo recordar a Peter Sellers en su brillante película «el Jardinero», no lo pude evitar.

El alumno —al borde de las lágrimas— no solo descubrió que no sabía redactar, también descubrió que los profesores que tuvo en el pasado fueron grandes simuladores y grandes desconocedores de la sintaxis y de la gramática en general.

Nunca le corrigieron sus textos cuando debieron, por algunos años le hicieron creer que su escritura era magnífica, él desarrolló entonces el hábito de utilizar muchas palabras ostentosamente inútiles en su redacción, y hoy se siente defraudado por un sistema educativo y por profesores zonzos que nunca fueron capaces de ofrecerle otra cosa más que ánimo hueco al pobre muchacho

Categorías
Cultura Naturaleza Política

Siete infiernos antropocénicos

En un pasado artículo (¿Cabe más gente en el planeta o ya se llenó?) sugerí que por largos períodos históricos hemos podido “engañar” un poco a la madre naturaleza, que siempre nos envía hambrunas, epidemias y guerras, para disuadirnos de nuestro empeño en seguir “humanizando” al planeta en lo que algunos han empezado a llamar antropoceno (antropos = hombre).

Publicación simultánea con El Universal

¿Y qué es el antropoceno?. Una definición provisional (o definición de trabajo) podría ser la siguiente: la sustitución del mundo natural por un mundo creado por los seres humanos. Más específicamente, el uso de los sistemas creados por el ser humano para sustituir a los sistemas naturales. Lo anterior implica quizás la manipulación casi completa de la naturaleza por los seres humanos vía la tecnología y la cultura

Categorías
Cultura Tecnología

Mujeres exitosas, obediencia en acción, y esclavitud tecnológica

Descarga audio entrando aquí
Publicación simultánea con El Universal

Si una persona le planta cara a una concentración grande de gente —una multitud digamos— para apaciblemente decirles «no tienen la menor idea de lo que están haciendo, ya no cuenten conmigo, a partir de ahora pueden arreglárselas como mejor se les antoje, me largo de aquí, buena suerte idiotas», es más probable que esa persona sea un hombre que una mujer. Incluso sustrayendo el «idiotas» de la despedida, va a ser muy difícil encontrar a una mujer que se atreva a armar en la vida real un suceso como el anterior (Hollywood, esa gran lavandería de cerebros, es otra cosa).

¿Por qué? La ciencia lo explica una y otra vez: cada vez que los psicólogos clínicos y los científicos de la conducta contrastan los Cinco Grandes Rasgos de la Personalidad entre los sexos, la mujer siempre sale más alto en «amabilidad» («agreeableness») que el varón