Parece que las preparatorias en general, están más preocupadas por enseñar «qué pensar» que en enseñar «cómo pensar». Evidencia de ello, es lo que casi todo profesor descubre tras revisar la pila de textos de cada nuevo semestre que comienza: sus alumnos no saben redactar.
Los alumnos no saben redactar y no es poco frecuente que el profesor mismo tampoco sepa hacerlo, por lo que no es consciente ni de sí mismo, ni de nadie. Muchos están más preocupados por alinearse a las estupideces lingüísticas del momento que en enseñar a pensar mediante el flujo coherente del lenguaje y las palabras.
Recientemente un silencioso y circunspecto alumno —quien definitivamente goza del respeto unánime de todos— descubrió en mi clase que no sabía redactar. La triada (silencio, incompetencia, respetabilidad) me hizo recordar a Peter Sellers en su brillante película «el Jardinero», no lo pude evitar.
El alumno —al borde de las lágrimas— no solo descubrió que no sabía redactar, también descubrió que los profesores que tuvo en el pasado fueron grandes simuladores y grandes desconocedores de la sintaxis y de la gramática en general.
Nunca le corrigieron sus textos cuando debieron, por algunos años le hicieron creer que su escritura era magnífica, él desarrolló entonces el hábito de utilizar muchas palabras ostentosamente inútiles en su redacción, y hoy se siente defraudado por un sistema educativo y por profesores zonzos que nunca fueron capaces de ofrecerle otra cosa más que ánimo hueco al pobre muchacho
Al cruzar mano alzada, el umbral de la puerta, veo que las manecillas de mi reloj marcan las 7:02 de la mañana. No me gusta ver la hora en mi teléfono celular mientras camino. Es una de esas cosas que no se pueden hacer en público sin perder algo que en estos momentos no estoy de humor para describir. Son las 7:02 de la mañana en la historia de la humanidad y esto no pasará. Ocurrirá pero no pasará. Sentadas están ya las dos o tres alumnas puntuales de siempre. No son buenas alumnas -como casi ninguna en este salón de veintitantas- pero son puntuales, y eso es importante. Hay algo en la puntualidad que denota atención, brújula, tridimensionalidad, en las personas
La envidia es la negación de uno mismo por la afirmación percibida —o falsa— de otro. La envidia es la forma más alta de traición que un ser humano puede consumar contra sí mismo. Contra el milagro espiritual y biológico que cada quien es. La envidia no alcanza ni siquiera a ser el nivel más bajo de autoconocimiento porque, para empezar, la envidia está siempre por debajo de la realidad. Al envidioso le urgen dosis fuertísimas de realismo que lo curen de su loca embriaguez.
A diferencia de la admiración sincera, que nos eleva, nos enaltece, y es disfrute del admirado, la pasión de la envidia nos esclaviza al resentimiento infeliz y torpe de lo que otros son y nosotros no podemos ser o tener, en circunstancias que no son las nuestras.
La envidia es mala en todas las personas y en todas las profesiones. Hay una profesión, sin embargo, en la que la envidia, —por su capacidad de transmisión a las generaciones siguientes — es particularmente vandálica y porcina: la docencia. En todos sus niveles, desde preescolar hasta la universidad
La verdad sea dicha, si estás en prepa o universidad, es posible que la mayor parte del tiempo tengas como modelo a seguir, no a tu padre, o al alguien mayor a quien admires (James Bond, Pancho Villa), sino a tus parkureros, youtuberos, tiktokeros, microfoneros, o futboleros favoritos —con quienes no tendrás, o no creerás tener, mucha diferencia de edades (tipo Elon Musk…aunque Elon esté más grande de lo que la gente cree)—. Y no hablemos ya de tus profesores; más irrelevancia ya no es posible encontrar reunida en un solo organismo viviente, pensarás…
Quiero dar algunos punteros sobre cómo sostener una conversación científica. Podríamos intitular este vídeo: «cómo fingir que eres un científico al punto de serlo», o «como fingir que eres un científico y conversas», o «como hacer creer a los demás que eres un científico con tu conversación»… algo así
En 2020 hay sólo dos razones verdaderas para asistir a la universidad, si tienes más razones que estas dos, estás en problemas. La primera es validar tus conocimientos autodidactas y la segunda es conocer gente y hacer amigos de carne y hueso en un mundo pasado por redes. Puede haber una tercera: darte tiempo para averiguar qué quieres hacer con tu vida. El video explica las razones de lo anterior, incluido el hecho de que
Dos modelos educativos en pugna. Eso es lo que define la guerra educativa que presenciamos, no sólo en México sino a nivel mundial como resultado del modelo económico llamado «Neoliberalismo». Adaptado de «La escuela Empresa» de Maria Fors y Victor Bedoy, Capitulo del libro: Balzaretti Karim; Bedoy Víctor (2011) Huellas de educación ambiental experiencias en investigación. CUCBA-UDG, Guadalajara, México. #reformaeducativa#4T#educación#reduccionismo#desarrollosustentable#sustentable#sostenible#sostenibilidad#competencias
He aquí una lista exhaustiva de revistas literarias y de letras en México, tanto para escritores emergentes como consolidados. Incluye publicaciones impresas y digitales, algunas con décadas de tradición y otras más recientes pero con gran relevancia en el ámbito cultural.
Revistas Literarias en México (Impresas y Digitales)
1. REVISTAS TRADICIONALES Y DE GRAN TRAYECTORIA
Letras Libres (https://www.letraslibres.com/) – Una de las más importantes, con ensayos, crítica literaria y cultura en general.
Nexos (https://www.nexos.com.mx/) – Cubre temas literarios, políticos y culturales, con secciones dedicadas a la literatura.
Vuelta / Letras Libres – Fundada por Octavio Paz, ahora bajo el sello de Letras Libres.