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No votaré por ninguna

Una esposa feminista es una mujer que, primero elige como esposo a un hombre de mucho mayor estatus que el que ella tiene, y luego utiliza a las instituciones y leyes del Estado para extorsionarlo con demandas categóricas de “igualdad”, destruyendo muy pronto el vínculo de confianza personal, familiar y social que tenía con él.

Dicho de otro modo, una esposa feminista es una mujer barbaján que se vale del aparato legal, de la participación activa y financiamiento del Estado —todo ello potenciado de manera demencial por la tecnología— para destruir aquello que los sociólogos llaman tejido social.

En medio de toda esta diarrea gubernamental fuera de la bacinica, la feminista nunca pierde la ocasión para recordarnos a todos su «derecho a vivir una libre de violencia» en una «cultura de la paz». Como si aún pudiese invocarse aquel torpe y galante refrán de la Inglaterra victoriana hace siglo y medio, que decía: «Las mujeres nunca tienen la culpa».

No estamos, sin embargo, en la torpe y galante Inglaterra victoriana del siglo XIX, sino en el torpe y masoquista México del siglo XXI; en donde toda acción debería tener consecuencias. En una sociedad perdurable y con futuro, ésta enfermedad mental (o al menos eso es lo que parece), o comportamiento sociopático entre muchas mujeres —transmitido por el feminismo— debería ser estudiado, y en su caso, sancionado y abortado de las instituciones políticas y culturales en general, de las finanzas públicas y de las leyes con la debida seriedad y firmeza. En una sociedad perdurable y con futuro, dije. ¿Estaremos aún en una de esas?

El feminismo no funciona hoy, ni funcionará probablemente nunca, porque en sus dos siglos de existencia (o más), no se ha esforzado, o no ha podido, ofrecer una visión integral (aunque sea equivocada o defectuosa) del ser humano. Mucho menos ha podido ofrecer

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Cultura

Al borde de las lágrimas

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Parece que las preparatorias en general, están más preocupadas por enseñar «qué pensar» que en enseñar «cómo pensar». Evidencia de ello, es lo que casi todo profesor descubre tras revisar la pila de textos de cada nuevo semestre que comienza: sus alumnos no saben redactar.

Los alumnos no saben redactar y no es poco frecuente que el profesor mismo tampoco sepa hacerlo, por lo que no es consciente ni de sí mismo, ni de nadie. Muchos están más preocupados por alinearse a las estupideces lingüísticas del momento que en enseñar a pensar mediante el flujo coherente del lenguaje y las palabras.

Recientemente un silencioso y circunspecto alumno —quien definitivamente goza del respeto unánime de todos— descubrió en mi clase que no sabía redactar. La triada (silencio, incompetencia, respetabilidad) me hizo recordar a Peter Sellers en su brillante película «el Jardinero», no lo pude evitar.

El alumno —al borde de las lágrimas— no solo descubrió que no sabía redactar, también descubrió que los profesores que tuvo en el pasado fueron grandes simuladores y grandes desconocedores de la sintaxis y de la gramática en general.

Nunca le corrigieron sus textos cuando debieron, por algunos años le hicieron creer que su escritura era magnífica, él desarrolló entonces el hábito de utilizar muchas palabras ostentosamente inútiles en su redacción, y hoy se siente defraudado por un sistema educativo y por profesores zonzos que nunca fueron capaces de ofrecerle otra cosa más que ánimo hueco al pobre muchacho

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Sostenibilidad

¿Cabe más gente en el planeta o ya se llenó?

Si organizáramos un concierto al aire libre al que fuera toda la humanidad, la superficie de la Isla Mauricio -esa pequeñita frente a Madagascar- bastaría para armarla, sin problemas. Sí porque, somos 8000 millones de seres humanos (un ocho con nueve ceros: 8,000,000,000). Pensando que, en todo concierto al aire libre, según va llegando la gente se suelen ocupar los lugares de adelante para atrás, hombro con hombro (para ver mejor), más o menos de a cuatro personas por metro cuadrado y así hasta terminar. Lo único que necesitaríamos, sería un recinto de 2,000 km² en bajadita (de preferencia).

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La isla Mauricio tiene 2040 km², o sea que alcanzaría y todavía nos sobrarían 40 km² para puestos de comida y baños. Si la isla Mauricio no tuviese disponibilidad el día del concierto,  se podría usar cualquier otra superficie equivalente a la que ocupa la CDMX más un pedacito del Estado de México, o bien la que ocupa la Zona Metropolitana de Guadalajara y sus municipios conurbados, que es casi del mismo tamaño que la isla Mauricio. Ahí podríamos hacer nuestro concierto

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Cultura Naturaleza Política

Siete infiernos antropocénicos

En un pasado artículo (¿Cabe más gente en el planeta o ya se llenó?) sugerí que por largos períodos históricos hemos podido “engañar” un poco a la madre naturaleza, que siempre nos envía hambrunas, epidemias y guerras, para disuadirnos de nuestro empeño en seguir “humanizando” al planeta en lo que algunos han empezado a llamar antropoceno (antropos = hombre).

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¿Y qué es el antropoceno?. Una definición provisional (o definición de trabajo) podría ser la siguiente: la sustitución del mundo natural por un mundo creado por los seres humanos. Más específicamente, el uso de los sistemas creados por el ser humano para sustituir a los sistemas naturales. Lo anterior implica quizás la manipulación casi completa de la naturaleza por los seres humanos vía la tecnología y la cultura

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Cultura Tecnología

Mujeres exitosas, obediencia en acción, y esclavitud tecnológica

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Si una persona le planta cara a una concentración grande de gente —una multitud digamos— para apaciblemente decirles «no tienen la menor idea de lo que están haciendo, ya no cuenten conmigo, a partir de ahora pueden arreglárselas como mejor se les antoje, me largo de aquí, buena suerte idiotas», es más probable que esa persona sea un hombre que una mujer. Incluso sustrayendo el «idiotas» de la despedida, va a ser muy difícil encontrar a una mujer que se atreva a armar en la vida real un suceso como el anterior (Hollywood, esa gran lavandería de cerebros, es otra cosa).

¿Por qué? La ciencia lo explica una y otra vez: cada vez que los psicólogos clínicos y los científicos de la conducta contrastan los Cinco Grandes Rasgos de la Personalidad entre los sexos, la mujer siempre sale más alto en «amabilidad» («agreeableness») que el varón

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Cultura Naturaleza

Leer Bambi: nuevo requisito de ingreso a la universidad

¿Qué ocurriría si la lectura de «Bambi, una vida en el bosque» -la novela original del austriaco Félix Salten publicada en 1923- fuese, junto con el examen de admisión, el nuevo requisito de ingreso a la universidad? La pregunta es buena porque no se trata de una obra menor; y mucho menos se trata de una obra menor para niños.

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Bambi es la historia de un venado cola blanca que nace, aprende cosas sobre la vida en el bosque con otros animales, pasa por varios ritos de iniciación en su adolescencia y juventud, que coinciden con la muerte de su madre y el reencuentro con su padre, hasta que Bambi se transforma en un recio venado adulto. La novela armoniza elementos filosóficos sobre la vida, la muerte, la madurez y sus transformaciones, el ser humano y su relación destructiva con la naturaleza, el amor romántico y la lucha por la vida

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Cultura Política

Cómo eliminar la violencia hacia las mujeres en 3 pasos

Un ejemplo de una buena teoría es aquella de la «psicología inversa» sobre todo si se aplica en los contextos correctos. La imagen de aquí abajito muestra en qué consiste la teoría: se puede persuadir a alguien de hacer algo solicitando exactamente lo contrario (funciona sobre todo en niños y gente infantilizada). Y así como hay buenas teorías, hay otras muy malas.

En días pasados fueron publicados dos artículos describiendo acciones contra la así llamada «violencia de género», uno en el Instituto Politécnico y otro en la Universidad Autónoma Metropolitana.

Sucede que la misma teoría que desata eso que llaman «violencia contra la mujer» y «violencia de género», es la misma “teoría” que está siendo utilizada (de manera fracasada) para detener esa misma violencia: me refiero al «feminismo de género» y la «teoría» que lo sustenta (interesados investigar a doña Judith Butler). Ahí está el meollo de todo este asunto, para que nadie se siga equivocando . Distingamos por el momento y para nuestros propósitos aquí y ahora (como hace el psicólogo experimental Steven Pinker en su libro «The Blank Slate» o «Tabla Rasa» edición en español) entre dos tipos de feminismo dentro y fuera de las universidades.

Primero, el «feminismo de equidad»: aquella doctrina moral que busca la equidad (educativa, salarial, ocupacional, etc.) y un trato no discriminatorio hacia las mujeres en general. En segundo lugar tenemos el «feminismo de género», que es una doctrina empírica comprometida con tres premisas básicas bastante alocadas, y si no me creen, compruébelo cada quien por su cuenta: la primera de ellas es que las diferencias entre hombres y mujeres no tienen nada que ver con la biología, sino con «construcciones sociales», cosas que nos enseñan de niños.

Para las feministas de género, todos nacemos algo así como bisexuales (o con sexualidad «fluida») y a lo largo de nuestro desarrollo la cultura y el entorno social nos va condicionando a adoptar actitudes y roles convencionalmente masculinos o femeninos (dicho por Sommers). La segunda premisa de las feministas de género es que la motivación principal que mueve a los seres humanos históricamente es el poder y no otra cosa que el poder, en particular el poder opresor por ellas llamado «patriarcal»

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Cultura Política

Los «baños neutros» funcionan solo en casa y solo si uno es limpio

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¿Has entrado alguna vez a una casa en la que el dueño tenga sus baños separados por sexo? Sería costoso y una especie de loca excentricidad practicable solo en una mansión. Y ni los Locos Adams. Todos conocemos los llamados «baños neutros» porque son lo que todos tenemos en nuestras casas. ¿Por qué entonces los separamos por sexo en los espacios públicos: estadios, restaurantes, universidades?

Si hacemos esta pregunta a un cristiano, un judío, o un musulmán, nos va probablemente a responder —queriendo cortar de tajo con toda esta conversación— que es debido al «pecado original» y haber sido expulsados del edén, que nos hace desconfiar los unos de los otros y separar los baños de hombres y mujeres en los

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¿Evitar el cambio climático o erradicar la pobreza, qué debe ser prioritario?

La mayor parte de las personas, incluyendo los universitarios, nos ahorraríamos muchos quebraderos de cabeza y tiempo malgastado, si en lugar de prestar atención a las soluciones propuestas en los medios masivos y redes de comunicación, (cual pasivos espectadores) mejor prestásemos atención (cuál gente digna de confianza) a las premisas de las que cada una de estas «soluciones» rivales parte.

Foto: Andrés Bucio
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Lo anterior es importante porque esas premisas generalmente están ocultas y la única manera de descubrirlas es imaginándolas plausiblemente y en coherencia con los resultados que producen.

¿Y qué pepinos es una premisa te preguntarás? Pongamos un ejemplo

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Política Sostenibilidad

La agenda 2030 es el caballo de Troya de la agenda de género global

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Cuando estudié en la universidad, licenciatura, maestría, y más recientemente en el doctorado eran muy frecuentes las conversaciones informales en las cafeterías y en los bares entre mis compañeros e incluso entre mis profesores.

Con relativa frecuencia acabábamos hablando de temas de gran alcance: los sistemas energéticos regionales, el futuro del ecosistema global, las finanzas mundiales, los monopolios alimenticios globales, etcétera.

Después de varios cafés —o varias cervezas— (todo esto fue en Norwich, Inglaterra, en donde, por razones que en México deberíamos investigar, hay «pubs» dentro de los campos universitarios, en donde todos beben alcohol, y si quieren se embriagan, pero no al punto de ponerse excesivamente idiotas o impertinentes, cosa que haría necesaria la clausura de dichos lugares).

Cuando hablábamos de los grandes problemas globales —estaba yo diciendo— , después de varios cafés o varias cervezas, nunca faltaba quien empezara a vociferar sobre la necesidad de una crisis financiera de dimensiones sobrenaturales, —es decir, el derrumbe total del sistema financiero global— como la única posible «salvación de nuestro planeta».

La premisa subyacente a todo esto, por supuesto, era que el capitalismo financiero era la raíz de todos los problemas: el cambio climático, el acaparamiento gandalla de los suelos fértiles, la minería a cielo abierto, el crecimiento urbano desenfrenado, las guerras por el petróleo, etc. ¿Solución? El sistema financiero global debía caer.

Y haré un comentario adicional que quizás capture el sabor de aquellos momentos: no era raro escuchar a los mismos profesores —tanto los eméritos de la vieja guardia, como los más jóvenes—expresarse en términos similares dentro del aula de clase: «solo algo muy parecido a una catástrofe financiera inédita en la historia podría salvarnos y salvar al ecosistema global… » etc.

Quince o diez años después la receta, para los mismos problemas, es completamente otra: «vuélvete homosexual», o algo que se le parezca (i.e. feminista). Ya no son los sistemas lo que hay que trasformar, ahora la receta consiste en hacer ingeniería social con los individuos, con sus mentes y con sus identidades