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Chamaqueo Político: Ubícate y Evítalo

Por chamaqueo político entendamos: permitir que te engatusen en las agendas políticas de otros, sin saber por qué lo haces ni cuáles son realmente las bases o premisas de por qué crees lo qué crees. ¿Conoces realmente tu identidad política o te están chamaqueando buenhombre? Lo que se dice chamaqueando. ¿Te consideras un individualista ermitaño, o un borrego colectivista? ¿un solidario envidioso, o un competidor regurgitado en serie? Te puedo asegurar que más del 80% de los mexicanos no puede responder de manera satisfactoria a estas preguntas, y está, por lo tanto, en riesgo de ser objeto de chamaqueo político…

Frente al chamaqueo político existe un eficaz antídoto, que consiste en ubicarte políticamente. Es decir comprender tu postura política con claridad racional, con lógica científica de ser posible. A sabiendas de que ésta puede ir cambiando a lo largo de tu vida. Y para ubicarte políticamente lo único que tienes que hacer es comprender tres cosas.

La primera es que, históricamente hablando, hay que comprender que toda nación moderna se desarrolla mediante no otra cosa que un programa estatal de lo que llamamos, supongo que para confusión de muchos «izquierda», pero no una izquierda entendida en el sentido más ideológico y radical de la palabra como Marxismo o comunismo, sino atendida simplemente como un programa político que reconoce las limitaciones prácticas del mercado para construir sociedades sofisticadas y prósperas como muchas de las actuales, a sabiendas de que ésta puede ir cambiando a lo largo de tu vida.

Y para ubicarte políticamente lo único que tienes que hacer es comprender tres cosas:

1. Toda nación desarrollada transitó por una etapa de izquierda»

La primera es que, históricamente hablando, toda nación moderna se desarrolla mediante, no otra cosa, que un programa estatal de lo que hoy llamamos, (para confusión de muchos) «izquierda». Pero no una izquierda entendida en el sentido más ideológico y radical de la palabra como marxismo o comunismo, sino una izquierda entendida simplemente como un programa político que reconoce las limitaciones prácticas del mercado para construir sociedades sofisticadas y prósperas como muchas de las actuales.

No existe nación moderna y avanzada en la actualidad, que no haya iniciado su etapa de desarrollo a partir de un conjunto de políticas de estado para el bienestar social, lo que en los países angloparlantes conocen como Welfare State. Esto lo podemos ver desde las políticas de estado del canciller Otto von Bismark, en la Alemania del siglo diecinueve (Bismark fue el fue el primero que empezó con esta idea de un estado de bienestar), hasta todos los estados de bienestar de las naciones desarrolladas de nuestros días que tanto admiramos, a las cuales las élites políticas y empresariales de este país suelen ir de vacaciones y que por tanto ya debían de conocer.

Así que todas las naciones europeas occidentales, Japón Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá. No hay nación moderna desarrollada que no haya atravesado por un etapa de estado social de bienestar, en la que los gobiernos cubran los temas básicos de bienestar humano: salud, educación, empleo y pensiones.

Eso a lo que la derecha libertaria cree estarse oponiendo, sin darse cuenta de que para tener razón tendrían que primero aceptar  la tonta premisa de que a ellos les atrae mucho la idea de vivir en cuevas, en permanente guerra con otras tribus, comiendo sapos y raíces, con esperanzas de vida como de 25 años para los afortunados que sobreviven y para acabarla de fastidiar, violentamente poligámicas, cosa que no creo que le agrade a la gente de derecha.

2. Izquierda y derecha no son opciones políticas, sino etapas históricas consecutivas

La segunda cosa que hay que comprender, una vez que revisamos un poco la historia y trayectoria económica de las naciones es que, nos conviene visualizar a la izquierda y a la derecha no como posturas políticas, sino como etapas históricas en la vida política y económica de una nación. Es decir, no como opciones a escoger A o B, sino como etapas consecutivas a seguir: primero  A, y luego viene B. Si no consolidas A, no puedes aspirar a B. y si no pregúntale a cualquier país europeo.

Nosotros en México, iniciamos un programa de estado de bienestar social con el presidente Cárdenas en los años 30s, que por el tiempo en el que ocurrió fue mañosamente asociado al comunismo soviético y entonces lo aplacaron ese proyecto nacional nunca se consolidó, o visto de otro modo… tímidamente evolucionó con demasiados tropiezos y corrupción hasta antes de la etapa llamada neoliberal en los años 80s con el gobierno de Miguel de la Madrid.

El gobierno actual, de la 4T pretende recoger las piezas de ese rompecabezas pendiente y llevar al país por el camino de una gran transformación. Solo que ahora, todo esto se hace en el contexto de buscar que el desarrollo sea sostenible. Ya hicimos un primer video muy elemental sobre qué significa eso, aquí abajo está la liga si lo quieres ver.

Todo lo anterior, lo que quiere decir, es que mucha gente en México, la mayoría que se dice «de derecha» en realidad lo que está haciendo, es confesando abiertamente que es un injustificado ignorante, que nunca se ha interesado en abrir un libro de historia universal contemporánea para conocer un poco cómo ha sido la experiencia de otros países cómo ha sido la trayectoria de las sociedades altamente desarrolladas.

No sorprende que para financiar su ignorancia hayan estado dispuestos a vender a su propio país, esa es la derecha mexicana sin ideales, solo con intereses como decía Octavio paz, entonces no te confundas buenhombre: en el contexto mexicano, propiamente la derecha no existe, no hemos alcanzado una etapa evolutiva de la sociedad meritoria de una derecha auténtica, conservadora o libertaria, de ningún tipo.

Manuel Gómez Morín y algunos de sus sucesores como Manuel Clouthier o Carlos Castillo Peraza lo intentaron, pero sin éxito, no hay derecha auténtica en México, no tenemos ese lujo que solo una nación desarrollada se puede dar, en México lo que existe es gente con un muy bajo nivel intelectual y moral, pero con dinero y algunos conocimientos especializados que la han ayudado a más o menos acomodarse socialmente, para decirlo en corto.

Finalmente, la tercera cosa que hay que hacer para  ubicarnos políticamente y que no nos chamaqueen, es estudiar siquiera una embarrada elemental de filosofía política, te prometo que esto no dolerá buenhombre, y para ello quisiera mostrarte un esquemita que he estado haciendo, para ver si es posible, no tener que usar siquiera los términos izquierda y derecha que tanto espantan a muchas personas el esquemita tiene el propósito de visualizar y comprender de una forma más amplia y completa cómo creemos que deberían de ser las cosas a nivel político, a partir de nuestra situación y valores o criterios personales.

3. Un poco de filosofía política no hace daño

Es decir después de comprender este esquemita va a ser mucho más difícil que nos chamaqueen políticamente. Podemos, entonces dividir al mundo entre gente que tiende al individualismo y gente que tiende más al colectivismo. Eso en cuanto al eje vertical ahora, en nuestro eje horizontal, podríamos pensar que el mundo también se puede dividir entre gente que tiende a ser solidaria y gente que tiende a ser muy competidora, es decir que le gusta competir y suele relacionarse con los demás en términos de competencia.

Para completar este cuadro pensemos en los riesgos asociados a  cada una de estas cuatro categorías, esto es muy importante, casi nadie se pone a pensar en esto, pero nosotros si buenhombre, el riesgo de la persona individualista es el egoísmo extremo y el aislamiento anacoreta, ermitaño, misántropo, o como le queramos llamar.

El riesgo del colectivista es la enajenación y el pensamiento de borrego, la mentalidad de rebaño, que a veces lleva a mucha gente al matadero, por así decirlo, o sea …por no dignarse a pensar las cosas por si misma. ¿te suena familiar?

El riesgo de la gente que es muy competidora es que acaba generando un entorno social muy agresivo y deshumanizante, parecido al de una jungla, o sea sálvese quien pueda y cada quien a rascarse con sus propias uñas, no hay consciencia social de ningún tipo y básicamente es la mentalidad de «mientras a mi me vaya bien, al resto del mundo se lo puede cagar el payaso».

El otro riesgo al que se expone la gente demasiado competidora es que todos acaban pareciéndose. Es decir, cuando todos se ponen a competir, una de las cosas malas que ocurren es que de repente todos empiezan a volverse iguales. Hay un efecto homogeneizador en los ambientes muy competitivos. Y es lógico todos andan tras de las mismas cosas: típicamente el varo. Y eso aplana mucho a una cultura, aplana primero la personalidad de los individuos y luego acaba aplanando al resto de la sociedad. Por eso muchas ciudades de estados unidos, que es el máximo representante de una sociedad competidora en los centros de las principales urbes se respira una soledad exasperante y sin límites, una especie de muerte espiritual y del alma

Y uno como mexicano ve eso y se pregunta ¿qué les pasa, cómo llegaron a esto? Y es que llevan experimentando … la maldición de la competencia, a todo lo que da…desde hace más o menos como cien años.

Por último el riesgo de la gente solidaria, es la envidia. Así es buenhombre, escuchaste bien, la envidia y los celos. Ese sentimiento maligno que hace que algunas personas se sientan desdichadas por los que otros tienen en lugar de sentirse contentas por lo que ellas tienen.

Es decir, bajo el pretexto de que estoy ayudándote y me estoy sintiendo muy solidario contigo, también voy a ver de qué manera puedo cortarte las alas y utilizar esa situación solidaria para controlar tu comportamiento y el de los demás, no sea que a alguien se le ocurra la mala idea de sobresalir más que otros, …. porque eso sería muy poco solidario de su parte.

Es decir, el riesgo que corre la gente muy solidaria, es que deje de ser sincera a la hora de permitir que la libertad humana y el esfuerzo individual florezcan, y que se quiera  utilizar la misma solidaridad como garrote ideológico para forzar una igualdad artificial y destructiva al interior del grupo. Hay una fábula, la de los crustáceos en una cubeta. Que ilustra lo anterior: tan pronto un crustáceo avispado pretende salir de la cubeta ya los demás lo están jalando para abajo…. de manera muy solidaria.

Estos dos ejes, vertical y horizontal, representan la lucha de opuestos: los individualistas y los colectivistas tienen algo que aprender uno del otro, y lo mismo los competidores y los solitarios, también tienen algo que aprender y enseñarle uno al otro. A partir de sólo este esquema, quizás ya te estés imaginando, que podemos pensar en cuatro situaciones muy interesantes asociadas a cuatro tipos de personas.

En el primer cuadrante, los individualistas solidarios, podemos ubicar a los anarquistas por ejemplo o al zapatismo de tiempos de la revolución, es decir es una solidaridad que al mismo tiempo va acompañada de una especie de autonomía local de corte más o menos individualista y que contrasta mucho con el tipo de solidaridad colectivista que ya veremos más adelante en el cuadrante número cuatro, pero ahorita para avanzar, también tenemos el cuadro número dos, que es el de los individualistas competidores.

Este cuadrante número dos, es donde podemos ubicar al capitalismo norteamericano sobre todo, un poco de sálvese quien pueda. En el cuadrante número tres tenemos aquellos que compiten pero no lo hacen de manera individualista sino de manera colectiva y nacional:  lo que nos arroja a nada menos que cosas como el nacionalsocialismo Alemán de la segunda guerra.

Y todas las proporciones guardadas con el nazismo, yo diría que en este mismo cuadro podríamos ubicar a los tigres asiáticos por ejemplo, corea de sur, Honk Kong, Singapur y Taiwán, que han desarrollado un capitalismo estatal, es decir con la plena tutela del gobierno central, de una manera ferozmente competitiva a nivel global, pero sin embargo muy nacionalista también.

Todas estas caracterizaciones son por supuesto esquemáticas, y su único propósito es ayudarnos a pensar un poco, sin ser tampoco tan cuadrados a la hora de colocar etiquetas y por último bueno tenemos en el cuadrante cuatro, lo habíamos mencionado ya a los solidarios colectivistas, entre los cuales podríamos ubicar a Cuba, Corea del Norte y por supuesto a la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y al antiguo bloque socialista de Europa del este, incluyendo Alemania, y nada más.

Bueno, esta forma de pensar en la política no tiene que ser por naciones, podemos pensar en personas, organizaciones, movimientos sociales, personajes o lideres de opinión. Finalmente, quisiera tocar rápidamente  el tema de las manifestaciones callejeras de aparente desdén hacia grupos políticos rivales o adversarios, y que han sido etiquetadas por muchas personas como manifestaciones «racistas» o «clasistas» por parte de la derecha conservadora o libertaria mexicana, y cuya consecuencia lógica, pues es la segregación, radical a veces, y el aislamiento divisorio entre grupos todo el tiempo.

Es decir, si has oído lo que es una cámara de ecos, … cada grupo se encierra en su propia cámara de ecos, en la que no hace otra cosa que reforzar las opiniones y prejuicios tribales que ya tiene.

Este efecto de cámaras de ecos se da mucho en redes sociales. Son como habitaciones llenas de aire viciado a las que no les entra el aire fresco porque todas las ventanas están siempre cerradas y ya apestan un poco. Muy malo para la salud física, y mental en este caso.

Con todo lo malo que esto suene, y aceptando que sí, efectivamente hay que abrir las ventanas, hay que decir buenhombre, que desde las ciencias naturales y otras ramas del saber como la antropología o la sociología, no debemos tenerle demasiado miedo a manifestaciones como el racismo y el clasismo, ya que tienen una explicación en parte cultural, pero también biológica y antropológica, que una vez que comprendemos y aceptamos como algo más o menos normal, es posible contrarrestar o disminuir.

Los comportamientos etiquetados como «racistas» o «clasistas» Son un rechazo y desconfianza, hasta cierto punto explicable, es esa tendencia que tenemos los seres humanos a alejarnos de aquello que nos es desconocido o poco familiar.

Cuando el ser humano vivía en tribus, y competía por territorio y recursos, la desconfianza hacia otras tribus era una necesidad de sobrevivencia, y por eso muchos de los mitos y leyendas de tiempos remotos, incluidas las bíblicas del antiguo testamento, reflejaban ese tribalismo en ocasiones completamente irracional o fanático.

Hoy, sin embargo, en tiempos de redes sociales y de interdependencia social en un mundo moderno urbanizado, hay que reconocer que el comportamiento tribal, racista y clasista como el que observamos en las marchas de la derecha conservadora o libertaria, debería poderse evitar. ¿Porque digo esto?

Por que son producto de un nivel intelectual bajo,  algo primigenio, por no decir primitivo, y de un obvio alejamiento entre distintos sectores o tribus de gente que sin embargo, y de manera paradójica, se identifican todos como mexicanos.

Hay muchos mexicanos que hablan español y tienen acta de nacimiento y pasaporte mexicano, pero que nunca se han realmente internado en el México profundo para conocerlo. No conocen su país, no lo han saboreado, y obviamente ello los coloca en una situación de extranjeros en su propia tierra: ¿resultado? todo esto de lo que estamos hablando: marchitas penosas para «derrocar al presidente» «porque es nuestro empleado» y «lo queremos correr» «nosotros somos los que mantenemos al país» etc.

Cuesta trabajo pensar en una manifestación de fracaso cultural más honda que la derecha mexicana. Creo que la cosa más importante que han perdido esta pobre gente es el carácter. Viviendo en uno de los países con más carácter y más historia nacional (yo diría en el mundo) estos hijos de México (o hijos de quien sabe que o quien) no saben, no han aprendido qué rayos es el carácter. Más bien repiten formulas ideológicas y comportamientos de otros países, que ya no pueden dar más pena, por su falta de imaginación, y su infantilismo político. Como esta idiotez de, «nosotros mantenemos al país, una bola de holgazanes» y cosas por el estilo.

Conocer y vivir el carácter de una nación como la mexicana es precisamente aquello que nos permitiría, extirpar todas estas bolitas de estiércol que tiene en la mente la mal llamada «derecha mexicana».

Justamente el desarrollo de una cultura política nos sirve para cultivar en nuestras mentes, otras cosas que no sean los comportamientos culturales primitivos y las reacciones emocionales tribales.

En síntesis:

Primero, toda sociedad moderna tiene que pasar por una etapa de estado social de izquierda para consolidarse como sociedad,

Segundo: izquierda y derecha hay que verlas, no como opciones políticas sino como etapas históricas en las que, si primero no se consolida bien una sociedad y sus instituciones a través de un programa de izquierda, no se puede aspirar a una sociedad de corte más libertario o de derecha. Lo que sobreviene es el desorden, la corrupción y la bancarrota que hemos experimentado.

Tercero: es bueno irse ubicando políticamente: ¿eres un individualista solidario, o un individualista competidor?, ¿eres un colectivista solidario o un colectivista competidor?

Acuérdate que estos esquemas mentales tienen el único propósito de ayudarte a meditar un poco sobre quien eres, y cual es más o menos tu postura política, misma que puede ir cambiando, siempre  consciente de que todos los extremos son malos y de que las posturas más realistas por lo general son aquellas cercanas a las fronteras entre uno y otro.

Hasta la vista buenhombre, y no seas nunca más un chamaqueado político.

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