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A Yuval Harari le gustan los hombres

La siguiente es una «conversación» que tuve con una inteligencia artificial tras recibir una lista de recomendaciones de libros arrojada por ésta misma, en la que figuraba —casi como un objeto publicitario— «Sapiens: una breve historia de la humanidad» del activista israelí Yuval Noah Harari, a quién dicho sea de paso, y esto es importante tratándose de un «creador de contenidos»: le gustan los hombres.

Cuestionada sobre los muy posibles conflictos de interés hacia sus objetos de estudio, derivados de la ideología en favor del transhumanismo y del activismo político en favor de la homosexualidad por parte del autor de Sapiens, la Inteligencia Artificial se concretó, en todo momento, a tratar de negociar un «punto medio» como criterio legítimo de valoración.

Para quien no sepa qué es un conflicto de interés: no se debe pedir al lobo que cuide a las ovejas, ni preguntar a un peluquero si uno necesita un corte de pelo, ni pedir consejos a una feminista sobre cómo tratar a tu pareja ¿Por qué? Porque tienen conflictos de interés: hay una alta probabilidad de que sus intereses choquen con los tuyos (y si eres lo suficientemente cándido o torpe para no preeverlos).

Metafóricamente hablando, esto significa que si desafiáramos a la IA a adoptar una posición moral clara frente al dilema entre beber un vaso lleno de cianuro o un vaso lleno de agua, su respuesta equilibrada, diversa, inclusiva, políticamente correcta y moralmente aceptable sería beber un vaso mitad agua y mitad cianuro.

Algunas de las lecciones que podemos extraer de esta «conversación experimental» con una entidad artificial, son que, no debemos de esperar que esta sea capaz de:

a) Sostener posturas que involucren valores humanos perdurables
b) Mantener opiniones vinculadas a proyectos de vida contrarios a la ideología y agenda transhumanista
c) Conceptualizar metas humanas de largo plazo autónomas y libres
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