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Cónclave (reseña)

Cónclave es un «thriller» anticatólico dirigido por un judío y basado en una novela escrita por un periodista amarillista inglés. Los adolescentes seguidores del monstruero Guillermo del Toro y de la literatura fantástica y de terror ocultista van a estar morbosamente fascinados con el final salido de la manga, pensado para perturbar mental y psicológicamente a la audiencia, digno de un titular del tabloide sensacionalista ¡ALARMA!, o la nota roja.

Supongo que la moraleja para los niños y adolescentes que vean la película es que el elegido de Dios entre «toda esa bola de cerdos cardenales corruptos» (todos los hombres aquí son presentados como unos gorilas violadores opresores ambiciosos) solo puede ser un humilde sacerdote hermafrodita: la persona más decorosa y recta, la más piadosa, decente y moral de todas, salida de la nada. Jesucristo se nos quedó atrás en sencillez, modestia y simpatía.

Por cierto, a este uso de la entronización del marginado o del débil, con fines políticos o de mercadotecnia social, se le conoce en inglés como virtue signallying, que en español podríamos traducir a cosas como «falsas señas de virtud», «alardeos falsos de virtud», «ostentaciones falaces de virtud», etc.

En momentos culturales sin rumbo como los actuales, este virtue signallying produce un corto circuito espiritual-cerebral alimentado por una propaganda woke feminista LTDG de un costosísimo mal gusto (la película está muy bien financiada, aunque no da para verla una segunda vez, o al menos yo no la vería de nuevo). Sería interesante hacer un sondeo entre hermafroditas o «intersexuales» de todo el mundo para saber qué piensan de la cinta.

En principio (pero solo en principio) la sexualidad de un clérigo, incluyendo al papa, no tendría por qué ser problemática, ya que de inicio hacen voto de castidad y «subliman» su energía sexual en actos bondadosos hacia la humanidad. Dado que el catolicismo no acepta el sacerdocio femenino (y esto tiene encabronadas a muchas iglesias protestantes por la desbandada de fieles que esto  ha ocasionado hacia el catolicismo), el principal golpe bajo de la película hacia la iglesia católica parece consistir en, al menos, provocar una situación ficticia en la que una persona de sexo ambivalente se pueda colar en la fila de los candidatos a ocupar nada menos que la posición del representante de Dios en la tierra: el papa. Vaya lindo y aviezo chistorete.

En mi opinión, esas son mamarrachadas, no solo por lo forzado de la afrenta, del torpe intento, sino por la frivolidad de la mamarrachada en sí. Son auténticas ganas de chingar, con toda la mala fe y toda la mala leche al alcance de un presupuesto hollywoodense. Hay gente a la que esto le dará risa, y hay gente a la que no. Para mí la frivolidad hay que tomarla por lo que es.

Lo que comentábamos un amigo médico y yo el otro día, hemos llegado a un momento histórico en el que hacemos cosas, solo porque técnicamente es posible hacerlas, pero no porque sea ética o moralmente correcto el hacerlas. ¿Es posible generar una situación dramática en una película cuyo resultado inevitable sea la elección de un papá hermafrodita? Claro que es posible, para eso existen los guionistas y el dinero (y las audiencias semi-estúpidas).

Pero la pregunta seguiría siendo ¿y para qué? Denunciar la corrupción en el clero está bien. Muy bien, digamos. Sin embargo, todos los casos de pederastia en la iglesia están asociados justamente a personas que experimentan una sexualidad atípica que además no subliman, ¿entonces exactamente qué se está queriendo denunciar? Lo anterior sugiere que no hay seriedad, sino frivolidad sensacionalista en el mensaje que se pretende ofrecer a la audiencia. Ganas de chingar, repito. Y de paso inflarse de dinero.

Hubiera preferido que no eligieran a un mexicano para hacer el papel del papa hermafrodita. Además del golpe bajo a la iglesia católica, también parece haber ahí un mensaje político contra los mexicanos en este 2025, no muy bien intencionado.

Sobre Ralph Fiennes, ¿qué podemos decir?, excelente actuación, puesta al servicio de una película cínica y sensacionalista, que pretende transgredir, pero que destaca por su frivolidad morbosa y desechable, aun para los no católicos (…»muy bien muchachos, ya tenemos aquí a nuestro papa hermafrodita ¿y ahora qué hacemos, hacia dónde vamos, qué nos depara el futuro?»…). Disfruté la actuación de Fiennes más en el paciente inglés, o en El Lector, o hasta más en el OO7. Lástima.

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